27 noviembre 2012 - Cadena SER
Lorenzo Silva gana el Premio Planeta 2012

El escritor madrileño logra el galardón con la obra 'La marca del meridiano'

Lorenzo Silva, oculto tras el seudónimo de Bernie Ohls, ha ganado esta noche la 61ª edición del Premio Planeta de novela, dotado con 601.000 euros, con la obra 'La marca del meridiano', una nueva entrega de su pareja de investigadores Rubén Bevilacqua y su ayudante Violeta Chamorro.

En la novela ganadora, presentada bajo el título seudónimo 'Te protegeré', el brigada Bevilacqua y su inseparable compañera, la sargento Chamorro, investigan un extraño crimen que les llevará tras la pista de un caso con derivaciones éticas y emocionales.

En la misma velada literaria, en la que han coincidido en la misma mesa el ministro de Cultura y Educación, José Ignacio Wert, y el presidente de la Generalitat, Artur Mas, el jurado, integrado por Alberto Blecua, Ángeles Caso, Juan Eslava Galán, Pere Gimferrer, Carmen Posadas, Rosa Regàs y Emili Rosales, ha seleccionado como finalista la novela 'La vida imaginaria', de la periodista Mara Torres, que se ocultaba tras el nombre ficticio de Pilar Otero.

En la presente edición, se habían presentado al premio 432 novelas, de las cuales más de la mitad procedían de España, y casi una quinta parte de Latinoamérica. Silva ha asegurado sentirse orgulloso de formar parte de una nómina de ganadores en la que están sus admirados Ramón Sender y Manuel Vázquez Montalbán.

Ha explicado que la novela ganadora es la historia de un hombre que nació en Montevideo y vivió en Madrid y "el meridiano del título es el de Greenwich, la línea que hay entre Madrid y Barcelona". Este hombre que vive en Madrid, tiene que investigar un crimen en Barcelona, donde vivió en otra época, y esa pesquisa será también "un viaje a su propio pasado". En unas breves palabras tras conocerse el fallo, Lorenzo Silva ha dado las gracias a su familia y a Barcelona, "un personaje más de esta novela y que se ha mostrado muy generosa conmigo, pues aquí recibí mi primer gran premio (el Nadal) y también me dio la mujer que quiero y una casa para vivir".

En un tono más político, Silva ha dicho en catalán que "vivimos en democracia y todos pueden decir lo que quieren y piensan", pero su deseo es que "nunca haya otra línea divisoria que ese meridiano, que después de todo no es más que una línea imaginaria".

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27 noviembre 2012 - Telecinco.es
Lorenzo Silva presenta una historia sobre el crimen organizado con el brigada Bevilacqua en 'La marca del meridiano'

El escritor Lorenzo Silva da vida nuevamente al brigada Bevilacqua en 'La marca del meridiano', una historia cruzada sobre el crimen organizado y un hombre con la vida fracturada, obra ganadora del Premio Planeta 2012, que Silva ha presentado en Zaragoza este viernes junto con la periodista y escritora Mara Torres, finalista de este Premio con 'La vida imaginaria'.

 

En rueda de prensa, en la Sala Ámbito Cultural de El Corte Inglés, Lorenzo Silva y Mara Torres han mantenido un diálogo en el que el autor del Premio Planeta 2012 ha explicado que su obra la puede leer cualquier persona, aunque no haya leído ninguno de los restantes libros de la saga.

"Cada novela es independiente", ha dicho, para precisar que, a medida que fue avanzando la saga del brigada Bevilacqua, descubrió que "había gente que entraba por el tercero, el cuarto, el quinto, el segundo" libro.

La novela de Silva es la historia de dos investigaciones paralelas. En la primera un hombre, guardia civil, aparece asesinado, y un equipo de homicidios de la Guardia Civil comienza a indagar, introduciéndose en el transcurso de su investigación en una trama compleja de delincuencia organizada, tráfico de seres humanos y explotación sexual de mujeres.

A lo largo de la obra, la investigación criminal se solapa con otra investigación más personal puesto que el jefe del equipo, el brigada Bevilacqua, investiga la muerte de quien fue su amigo y a la vez recuerda su vida en Cataluña.

Silva ha reivindicado la novela negra y ha comentado que días atrás firmó ejemplares en la librería 'Negra y criminal' del barrio barcelonés de la Barceloneta a lo largo de cuatro horas. La novela negra "hace solo seis años era marginal". En esta librería, una suerte de "aldea gala", "la gente batalla para tener encendida la llama del género", ha indicado el escritor.

Ha señalado que hubo una época en la que la novela negra florecía en España y en los años 90 del siglo pasado volvió a decaer, para opinar que "nosotros hemos sido aquí los parias y la subliteratura".

Lorenzo Silva trabaja ahora en la puesta en marcha de la editorial La playa de Aqaba, que empezará publicando poesía. Actualmente, está trabajando en un libro sobre el Marruecos español.

'LA VIDA IMAGINARIA'

La primera frase que Mara Torres escribió de la novela 'La vida imaginaria' fue "Yo nunca pienso si no es ahora cuándo, si no eres tú quien', que da vida a tres cuartas partes de la novela. Fue una tarde de domingo del invierno de 2007 cuando comenzó a escribir esta novela en el ordenador, ha relatado.

"Al leerla, te das cuenta de que no eres tú solo el que sufre", ha dicho Torres, quien ha apuntado que "el amor es terriblemente ordinario y a la vez profundamente extraordinario".

La suya es "una novela bien sencilla", que "solamente habla de amor, nada más", ha continuado Mara Torres, explicando que "cuando se rompe un amor, todo empieza a ser posible". 'La vida imaginaria' también habla del "miedo al compromiso, a la cotidianeidad".

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27 noviembre 2012 - Diario de Sevilla
Bevilacqua contra su pasado

Lorenzo Silva pone a su pareja de guardias civiles a investigar un crimen que derivará en una trama de corrupción, un caso con el que el autor ha obtenido el premio Planeta.

Decía Petros Markaris en una reciente visita a Sevilla que una de las principales diferencias entre la novela negra mediterránea y la nórdica radica en que los crímenes de la primera son mucho más suaves. Los autores españoles, italianos y griegos son menos retorcidos. En sus países no hace ese frío perpetuo que les obliga a pasar tanto tiempo recluidos en casa escribiendo páginas y páginas sin parar y dándole vueltas al coco para idear una nueva tortura que supere todo lo descrito antes para sus pobres víctimas.

Lorenzo Silva es un escritor inclasificable dentro del género negro. Su brigada Bevilacqua encajaría de sobra en la corriente mediterránea. Y no sólo por geografía, sino porque tiene una retranca que en nada envidia a los Carvalho, Montalbano y Jaritos, porque se toma las cosas con sentido del humor y porque, sobre todo en esta última novela, se abre bastante a su vida personal.

Sin embargo, los crímenes que se dedica a investigar bien podrían haber salido de la pluma de algún sueco inspirado. Porque un hombre colgando de un puente y al que antes de morir le han pasado una plancha -sí, de las de la ropa- por todo el cuerpo lo mismo podría haber aparecido en una carretera secundaria de La Rioja, como es el caso, que en algún sórdido sótano de la calle Lundagatan.

Si además la víctima es un guardia civil retirado que compartió tres años de profesión con el que se va a encargar de investigar su muerte, la mente del lector se va de inmediato al otro lado del Atlántico, a esa corriente policíaca americana en la que el detective suele verse implicado personalmente en las historias en las que trata de meter las narices.

Con todo esto, con los crímenes que les lleva leyendo durante décadas a europeos y americanos, y con los paseos que ha debido darse por las dependencias de la Guardia Civil, Lorenzo Silva ha construido una novela redonda, posiblemente la mejor de la serie y que le ha valido para conquistar el premio Planeta.

La marca del meridiano es la sexta entrega de la saga protagonizada por el brigada Rubén Bevilacqua y la sargento Virginia Chamorro, dos guardias civiles de la Unidad Central Operativa que llevan catorce años dedicándose a investigar asesinatos por toda España. La pareja protagonista debutó en 1998, cuando él aún era sargento y ella guardia rasa, con El lejano país de los estanques, pero adquirió verdadero renombre dos años después con la publicación de El alquimista impaciente.

Desde entonces han pasado un libro de relatos (Nadie vale más que otro) y otras tres novelas (La niebla y la doncella, La reina sin espejo y La estrategia del agua), algunas más brillantes que otras pero todas con algún punto de interés para cualquier aficionado al género. Como en toda buena serie, la evolución de los personajes es una de las claves del éxito. En el anterior trabajo, Silva había dejado a un protagonista deprimido, enfadado con el mundo por una mala experiencia con algún juez y, hasta cierto punto, insoportable.

Ahora lo retoma con las pilas cargadas, con un caso que le toca sus fibras más íntimas, que le remueve su pasado profesional y personal y pone a prueba su inquebrantable vocación. Bevilacqua se topa con una trama de corrupción dentro de la Guardia Civil y tiene que trabajar de la mano del grupo de asuntos internos, esos tipos de los que sus propios compañeros recelan pero que deben estar siempre ahí para velar por la limpieza del cuerpo.

El libro está cargado de detalles que pueden pasar imperceptibles para el lector común, pero que lo cargan de veracidad ante cualquier persona que haya tenido cierta relación con la Guardia Civil o con la vida en alguna casa cuartel. Sonreirá, por ejemplo, cuando lea cómo se organiza la asignación de coches intervenidos dándoles a los mandos los vehículos más macarras para destinar los discretos a la vigilancia. O entenderá perfectamente los quiebros que a veces hay que dar para que la investigación llegue a buen puerto sin saltarse la rígida cadena de mando.

Lorenso Silva no es guardia civil ni, que se sepa, tiene familia en el cuerpo. Aún así, escribió recientemente una historia del cuerpo llamada Sereno en el peligro. Interior ha debido darse cuenta de que la pareja de picoletos que protagoniza sus novelas puede ser un reclamo publicitario mucho mayor que cualquier campaña de imagen y le ha abierto las puertas de Guzmán el Bueno.

Y eso se nota. Silva describe con cariño desde los cafés de cantina hasta a algunos de los guardias corruptos, por mucho que se alejen de la senda marcada por el duque de Ahumada, cuyos principios están más presentes que nunca en la mente de Bevilacqua.

La novela es muy actual. Contiene referencias a la crisis, a la cuestión catalana y a la cultura popular. Bevilacqua ve con su hijo Breaking Bad, aprovecha los tiempos muertos para leer a Houllebecq y charla con una agente de asuntos internos -a cara cubierta, eso sí- sobre Homicidio, el libro en el que el periodista David Simon relata cómo fue el año que pasó empotrado en la brigada de Homicidios de Baltimore. A pesar de todo, hay momentos en los que el protagonista parece cansado y casi que se va intuyendo ya su pase a la reserva en un futuro no tan lejano. Si llega el caso, la sargento Chamorro y el joven Arnau han demostrado estar preparados.

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